10 jul. 2010

Señores Padres.

A mi amiga la Vanu, dueña y señora de este relato.



Que nunca tuve suerte con los hombres no es ninguna novedad para ustedes queridos amigos/as, y cuando yo les digo que nunca tuve suerte me refiero también a niños, adolescentes, viejos, medianos y adultos.

Se vé que es una tendencia que se marcó desde mi nacimiento, porque con el hombre que menos suerte tuve fue con mi propio padre.

A mi papá lo conocen todos como Tito, yo tuve la desgracia de conocerlo como Papá. Hubiera preferido no conocerlo.

Durante mi niñez no jodió mucho directamente, ya que dejó a mi vieja cuando yo tenía dos meses, por una peluquera. Ella, (mi mamá y no la peluquera) fue la que cumplió la minuciosa labor de arruinarme la infancia.

Mamá es enfermera, ahora es jefa del hospital. Papá también trabaja en el hospital, (En el mismo que mamá) y es el encargado del mantenimiento de la iluminación o sea, es electricista.

La cosa es que mientras mamá trabajaba y me mantenía como podía, papá procreaba un hijo por año con la peluquera y su cuota alimenticia hacia mi, disminuía de forma proporcionalmente inversa a cada crío que le nacía. A mis 5 años dejó de pasarme toda clase de cuota y así quede a solas con mi suerte, que no es mucha, viviendo del bajo sueldo de mamá, que se levantaba cada día con ganas de ir a laburar por el solo hecho de saber que iba a poder hacer un escándalo en el pasillo a penas se cruce con el electricista abandónico.

Tanto escándalo terminó con que a mamá la pasen al turno noche y mis posibilidades de ver a mi padre se agotaran por completo.

Como podrán imaginar, no tuve una infancia feliz, no fui una pobre niña rica, ni una niña pobre y feliz. Fui una POBRE NIÑA POBRE.

Millones de años después de mi infancia, mi padre se dignó a retomar contacto conmigo, esto me trajo un gran conflicto con mi madre que me juró que si yo le llegaba a dar una oportunidad a ese “cerdo abandónico” que me había hecho cagar de hambre toda la vida, ella no me dirigiría más la palabra. Era mi oportunidad de no tener que volver a escuchar a mi mamá Aleluya! Alabado sea el señor!!. Me fui corriendo a darle la oportunidad al cerdo, así que cuando volví a mi casa, me encontré con mi ropa en la puerta y mi perro Satanás, compañero de toda mi adolescencia, atado a un árbol con una soga.

Mamá se metió con Satanás…eso era imperdonable.

Los dos nos fuimos caminando hasta la casa de mi padre.La misma situada en La Matanza ( A unas 185 cuadras de mi casa)

A penas me vio llegar me dijo: ¿Qué haces acá?, si recién te fuiste…

YO le expliqué la situación, el trató de persuadirme…que no nos conocíamos casi y que para su familia era una extraña. La peluquera lo miraba amenazante con una tijera en la mano que abría y cerraba reiteradamente.(Lo mismo solía hacer con las piernas, a esta altura ya tenían 7 crios).

Papá me dejó quedarme por esa noche hasta que se recompusieran las cosas. Yo me pensaba quedar en esa casa y no volver con la bruja ni loca.

Cuando pasaban los días y me veían cada vez mas instalada en el rancho donde vivían, papá me hablo otra vez , mas violentamente, y me dijo que me volviera a lo de mamá. Yo ya era un poquito hija de puta, le dije que ni lo sueñe y por llevarle la contra me quedé. Así comenzó una guerra silenciosa.

Su frente eran los aliados: Papá, la peluquera y los siete moquientos y mugrientos hijitos.

Mi frente eran mi alma y Satanás.

Como a mi me gustaba el Heavy metal, al toque pegué onda con los heavys matanzences y me hice de un grupito que matía bastante miedo por la zona, que ya por sí sola era de temer. IMAGINENLO, andábamos con los pantalones rotos, los pelos mugrosos, las tachas al viento y las remeras de megadeth,y una mascota llamada Satanás. El frente contrario les temía un poco, así que no se animaban a hacérmela tan difícil.

La guerra se declaró a viva voz, cuando con mi grupete necesitabamos coprar algunas cositas, y decidí “tomar en préstamo” el dinero ahorrado de la mujer de mi padre. Cuando se enteraron del choréo, me metieron bajo llave y me prohibieron volver a juntarme con mi banda. Me escapé. Papá me buscó, me encontró y me dio una paliza inolvidable.

Para tomarme revancha de la primera paliza que recibiera en mis corots 15 años, pedí a mis amigos heavys que le den una tunda a papá. Este mismo terminó internado,con ciertas lesiones leves .Pero la peor venganza fue una que no estaba programada en mis planes: Fue a parar al piso del hospital donde trabajaba mi madre. La situación de Tito estaba más que jodida.

Mamá se despachó a su gusto teniendo al cerdo de paciente, la internación por contusiones que debía durar dos días, terminó en una operación coronaria por paro cardiaco, dos piernas fracturadas y el cerebro semi atrofiado.

Sin dudas tuve que volver a lo de mamá, que en esos días andaba radiante quebrándole las piernas e inyectándole drogas desautorizadas a papá. Entre idas y vueltas siempre me olvidaba de traerme a Satanás , además se había encariñado con los mugrientos y la peluquera que también andaba contenta de no tener que aguantar a Tito, fueron tiempos de paz.

Cuando papá Salió del hospital todo volvió a la normalidad, mamá a ser una yegua, la peluquera una mal cogida, y los mugrientitos unos malditos.

Volví a La Matanza a buscar a mi perro, me abrió la peluquera con una cara por el piso. ¿Dónde está satanás? Pregunté. Mi papá sonreía mientras me decía: “No sabemos que pasó, pero…” Corrí al patio y lo vi. a mi compañero de la vida tieso, frío, inmóvil. MUERTO.

Si había algo que no debería haber hecho nunca ese hombre que me dio la vida, era envenenar a mi perro.

Lloré hasta que no me quedaron lágrimas y juré vengarme.

Yo tenia las llaves de la casa, así que una semana después de que me envenenó al perro, les conté todo lo sucedido a mis amigos del barrio, que se encargaron de despojar a papá de todos sus bienes materiales.

Mi vida siguió su curso y nunca más supe nada del cerdo. Hasta que murió su madre, o sea mi abuela.



En ese entonces yo salía con Matías, un pibe que había conocido en la facultad ,del cual como siempre, estaba sumamente enamoradísima. Obvio que lo único que hice en esa facultad fue conseguirme un chongo, porque duré una semana y al chongo lo arrastré conmigo a la perdición.

Matías si era el pobre niño rico, sabía 8 idiomas, conocía todo el mundo, había recibido la mejor educación. Pero lo habían criado sucesivas niñeras que duraban lo que un suspiro y sus padres casi no le conocían la cara.

Cuando me presentó a la familia,fue un día catastrófico el padre le preguntó ¿De donde sacaste este gato?, la madre le dijo ¿Es de verdad o nos estás cargando? . Nunca me sentí mas despreciada. Pero a Matías le chupó un huevo y optó por mí antes que por la comodidad de la casa de avenida Alvear.



Cuando murió mi abuela, dejó de “Herencia” una casita en pleno Wilde, en la parte bien, bien fea de pleno Wilde. Además tomada por tres familias.

Papá se comunicó conmigo después de otros 10 años de ausencia y me preguntó si todavía tenia relación con “Los lumpanes” que le habían desvalijado la casa, y me explicó lo de la herencia de la abuela.

Yo le propuse un master plan: Los saco a los negros, pero me quedo a vivir en la casa hasta que me pueda juntar plata para alquilar algo.

Accedió sin pestañar.

Para qué describir lo mal que la pasé. Para rajar a los ocupas, me hice pasar por una abogada, falsifiqué documentos, me cagaron a palos, me metieron en cana, pero al fin y al cabo los desalojé.

La casita de la abuela era, no se como expresar con palabras algo tan horrible…era algo inmundo, tenía una pieza de madera, un baño con letrina muy oloroso y una cocina llena de cucarachas con un calentador como único instrumento para la cocción. Además estaba hecha mierda. Lo único de valor que había era un galpón enorme que alojaba en su interior un auto Mercedes Benz de colección que mi abuelo se había robado en 1954 y era el tesoro mas preciado de papá.

Con Matías le pusimos garra y con tal de tener un “Nidito de amor” no veiamos la realidad del espanto donde nos alojábamos.

El día que nos mudamos nos dimos cuenta que había un pedazo de techo que colgaba, Matías tiró de el y cayó de arriba una capa de 50 cm. De hollín que cubrió toda la casa. De techo quedó solo una chapa repleta de agujeros, todas nuestras cosas cubiertas de mugre, y Matías colgando de las paredes sus fotos en diversos puntos turísticos del planeta. Mientras tanto yo limpiaba el hollín que iba desde el suelo hasta mis rodillas, me estaba arrepintiendo de todo esto.

Dos días completos sin dormir me dediqué a sacar la mugre, aun así no pude con ella. Caí rendida y hollinosa a la cama de una plaza que compartía con mi tórtolo, a la que todavía no había podido estrenar.

Seguramente estábamos soñando algo lindo, cuando sentí una gota helada sobre mi cabeza. Me fui despertando a medida que la cama se humedecía, miré a Matías dormido y empapado y pensé “No puede ser que se mee en la cama todavía a esta edad”. Efectivamente, no se meaba, sino que se había largado la tormenta y por los agujeros del techo entraba a mares el agua de lluvia.

Afuera tronaba y adentro llovía. Me levanté como si hubiese algo que pudiera hacer, el hollín se mezclaba con el agua, y esto se convertía en un chiquero donde el cerdo de Matías roncaba mientras nuestras pertenencias y sus fotos en Venecia, las pirámides egipcias y la muralla china entre otras, flotaban por el barral.

Para colmo, el agua produjo una explosión en la instalación eléctrica de toda la casa. Además de no tener nada, ahora tampoco tendríamos luz.

Lo desperté a los golpes a mi chico, y este mismo se reía a carcajadas de la situación de mierda, me dijo que lo deje de joder y que mañana llamábamos una mucama, un techista y un electricista. Me saqué de quicio. CON QUE???? Si no tenemos un pesoooooo, tu familia no te pasa un mango, mi familia no existe, no trabajamos ¿CON QUEEE MATIAS?

Matías cayó a la realidad, me ayudó a limpiar en la oscuridad y me recordó que mi papá era electricista, por lo tanto lo podíamos llamar por lo de la instalación.

Me fui bajo la lluvia a buscar un público en pleno Wilde. Llamé a papá y me dijo que me despreocupe, que mañana a las 6 de la mañana estaba por acá.

Me la pasé toda la noche hamacándome en la cama como una loca, me faltaban las tijeras de mi madrastra para abrir ,cerrar, abrir, cerrar…

Increíblemente a las 6 en punto escuché llegar el auto de Tito.

Tito entró como Pancho entra a su casa, le dije si ya iba a arreglar la luz y me preguntó ¿ Matías sabe algo de mecánica?, si papá ¿Qué tiene que ver con la luz eso? –No, nada..Pero viste que favor con favor se paga…y…me podría limpiar el radiador y cambiar unas cositas..Acá tengo los repuestos.

Matías se levantó de mala gana a meterse abajo del Renault 12 putrefacto de mi padre. Mi padre me dijo que tenía sueño y se tiró en la cama, el día comenzaba a clarear y yo miraba las fotos cubiertas de barro, Matías en la torre Eiffel hacia menos de seis meses. Lo miraba a Matías en el propio barro tirado debajo del Renault 12 en pleno Wilde.

Cuanta razón tenía su familia en no quererme.

Lleno de odio y mugre, terminó mi novio de arreglar el auto. Papá estaba todavía durmiendo y con carpa lo despertamos. Se levantó, le preguntó a Matías si había terminado, miró el reloj y salió por la puerta,

YO salí corriendo al grito de “La luuuu uuuuuuuuuuuz” papá me miró y me dijo “No me jodas con boludeces, después lo hago, ahora se me hace tarde para ir a trabajar, decile gracias a Matías” y me dio 10 pesos.

El odio que sentí en ese momento fue inigualable, tenia muchas, pero muchas ganas de matarlo. Obvio que Matías no ayudó mucho a mi autoestima y me puteó de arriba a abajo.

Esto merecía una venganza, matarlo a el no daba, porque no se iba a dar cuenta, si le mataba a la peluquera no le iba a importar, y lo mismo con los mugrosos. Así que decidimos pegarle donde doliera: El mercedes de colección. Que como era robado, era indenunciable. Nosotros también andábamos en un auto robado, en pleno Wilde, tierras de don nadie, no hacia falta la cédula verde.

Llamamos a un amigo que tenía una grúa y mientras éste llegaba, fuimos sacando el Mercedes del galpón, tirado por nuestro Honda robado.

Si algo no te puede pasar en pleno Wilde tierra de don nadie, un martes a las 23.15 de la noche con, a falta de uno, dos autos robados, es que aparezca la policía. Pero de repente vimos doblar la patrulla que vino directo a nosotros.

Matías salió corriendo como una rata, yo me quedé paralizada entre medio de los dos autos. El patrullero frenó y el oficial me miró directamente a los pechos. ¿Pasa algo linda?. Solo se me ocurrió decirle

“No sé que me pasó con el auto, lo vine a arrancar y no tiene batería” mientras tanto me iba bajando el escote ¿Usted señor oficial, ¿No me podría hacer puente con la batería del patrullero?”

El rati se re copó y no me pidió ni el nombre, en seguida llegó nuestro amigo con la grúa y llevamos el mercedes a un descampado, no sin antes sacarle todos los interiores.

Al día siguiente lo llamé a papá a avisarle que nos habían desvalijado la casa, y entre otras cosas se habían llevado el auto del abuelo.

No me creyó una palabra, me reputeo, me metió el dedo en la llaga y asumió que me había envenenado al perro, agregando que a quien tendría que haber envenenado era a mi y que desaloje YA MISMO la casa.

Yo prefiero poner mi contestación textual:

“Negro hijo de puta, me hiciste cagar de hambre toda la vida, me abandonaste por esa negra trola que se garcha hasta al carnicero del chino de enfrente, me mataste al perro, te saqué a los negros de acá adentro, te arreglé el auto Ni sueñes con que me vaya de acá, me volves a joder y te mato a vos, a la peluquera y a los siete negros que te encajaron como hijos, que encima son hijos de todo el barrio menos tuyos cornudo.”

Después de la conversación no volvimos a hablar por unos meses, la casa de pleno Wilde era un lujo, habíamos invertido mucho tiempo y dinero en ella..El dinero provenía del temita de los autos..Algo bastante turbio…

Un día de la nada, llegó toda la policía del mundo a mi casa, con una denuncia a nombre de mi propio padre a Matías acusándolo de ladrón de automotores. Las evidencias brotaban por todos lados, patentes, chapas, motores, vidrios, cedulas truchas y el Honda. Mi papá mandó preso a mi concubino. Por suerte la familia de Matías se apiadó y puso un abogado de esos que solo tienen los ricos, que lo sacó en un abrir y cerrar de ojos.

Para el cumpleaños de papá le mandamos los interiores del mercedes con un moño rojo gigante, se ve que le dolió bastante, porque a los dos días recibimos una orden de desalojo.

Nosotros habíamos reconstruido esa casa, hasta el último rincón y este pedazo de mierda nos quería desalojar, esto no podía ser, tenía que haber alguna forma.

No encontramos manera legal de quedarnos en la casita de Wilde, Matías que ya estaba un poco cansado de las aventuras del reviente y mi locura y la de toda mi familia, decidió “volverse unos días” al departamento de Avenida Alvear. Como me dijo aquella vez mi mamá cuando retomé contacto con papá, ahora tomaba yo sus palabras y se las repetía a Matías: “Si te vas con esos cerdos, conmigo no vuelvas mas”. Esa fue la última vez que lo vi.

Con toda mi furia, sin casa, sin pareja, sin siquiera el auto robado, fui a la puerta del hospital donde trabajan papá y mamá, busqué el Renault 12, lo rocié de nafta y esperé desde enfrente que papá como todos los días, salga por la puerta del costado, suba al auto, saque el paquete de Parisién del bolsillo y encienda el primer cigarro del día. El último que fumaría…